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Sobre el compromiso del poeta: apuntes ligeros (y muy discutibles).

Publicado en

neruda y poundPablo Neruda con Salvador Allende y Ezra Pound

El poeta comprometido es una de las mayores falacias del siglo ¿De cuál? De éste y de aquél. No hace falta que lo diga, pero lo digo: no creo en los compromisos de los escritores, salvo que sea con la propia literatura. La persona sí, la persona (que puede ser poeta, periodista o bloguero, por nombrar tres oficios que al oírlos una madre se persignaría) sí puede (no diré debe, allá cada uno) estar/ser comprometido. De ahí, a que se use la literatura como instrumento de persuasión, mire usted, esa empresa ya fracasó hace mucho, no lo intente. Sería como volver a poner en funcionamiento Rumasa… (espere…uhmmm)

¡Qué bien esos poetas tan comprometidos (siempre con la izquierda, el compromiso de derechas no debe existir, ni el de centro, ni el compromiso apolítico; el único compromiso algo tolerable de un poeta es el del matrimonio[1], pero ni eso, oiga, que a un poeta monógamo, ya lo dije en algún lugar –creo, y si no lo diré-, se le acaban las dedicatorias) que nos enseñaron en el colegio! ¡Qué bien los poetas de la lucha social! ¡Qué malos (la mayoría de) sus poemas! ¿Casualidad? No sé si creerlo: Un lanzamiento de dados jamás abolirá el azar. Rimbaud y Verlaine[2], entre otros, formaron parte de “la experiencia” (por llamarla de algún modo) de La Comuna de París (Commune experience, Comme une expérience, buen nombre para grupo, grupúsculo, conciliábulo o demás, tanto da de música o poesía). No creo que a ninguno de ellos se le tome por poeta comprometido, ¿no? En su vida, bien lo saben los biógrafos, tomaron partido (por la poesía, por dejarla, por su mujer, por ellos mismos, por sus amantes, por el tráfico de armas…) pero no estarán encabezando (ni enculando, por decir que están los últimos) ninguna lista de poetas sociales. Porque el compromiso debe ser (supongo) algo moderno (quiero decir actual) et “il faut être absolument moderne”.

Siempre se podrá aludir a la función social del poeta, del escritor, con el fin de cambiar las cosas, el mundo, a través de la palabra. Función del escritor que, en este caso, son funciones. Dos para ser más exactos, y nada fáciles de cumplir: escribir (y que se le lea bien leído: ojocuidado al tema) y morirse de hambre.

Que a los poetas les duelan todas estas cuestiones, oiga, muy bien gracias. Que escriban.  Los mejores poemas que sean capaces de escribir. Sin militar, sin “pisotear” (entiéndase) su profesión de escritor. Que debido a este dolor nos hagan sufrir con poemas flagelantes y horrendos[3], por eso ya no paso (hay grandes poemas y poetas sociales y comprometidos, pero no por el mero hecho de serlo eso les da un valor añadido -tome usted el pareado como lema si quiere-). Si el compromiso sepulta a la literatura, deja de ser compromiso (literario)[4]. Y el único a mi entender válido lo es con la literatura y con el lector.


[1] Vid Juan Ramón Jiménez por ejemplo.

[2] Sí, querido lector, ya sé que el título anterior es de Mallarmé, pero este poeta era el más aburrido de los simbolistas, no se pegaba tiros, no dejó la literatura, se pasaba horas y horas puliendo sus versos, no se enamoró de ninguno de los poetas de su generación. Era tan aburrido, fíjese lector, que ¡¡era profesor de inglés y leía a Poe!!

[3] Pienso en algunas de las “Odas elementales” del Neruda alejado de cualquier “Residencia”.

[4] Quizá, suspiro, hacen falta más poetas idiotas en el sentido clásico y menos idiotas en el sentido actual.